Fearless
Fearless Un día, durante una visita al pueblo con fines propagandísticos, un niño le ofrece una flor. La madre lo arrastra de inmediato, horrorizada. Paedyn se agacha y toma la flor con cuidado.
—Gracias —le dice al pequeño—. Nadie es demasiado pequeño para cambiar las cosas.
La escena se vuelve viral. Los rumores sobre su compasión, sobre su humanidad, comienzan a ganarle simpatizantes. Pero también enemigos más sutiles. En el consejo, varios nobles exigen que se retire de los deberes públicos. Dicen que está “contaminando la política con sentimentalismos”.
Kitt, sin embargo, se mantiene firme.
—Si ella cae, el futuro que prometimos cae con ella.
Pero incluso sus aliados más cercanos comienzan a dudar. Calum, líder de la resistencia e integrante del nuevo consejo, la confronta en privado:
—¿Eres consciente de lo que representas?
—Sí. Un blanco fácil.
—No. Un faro. Y si se apaga, miles se perderán en la oscuridad.
Esas palabras la queman más que cualquier daga. Porque, en el fondo, no se siente líder. Ni reina. Ni símbolo. Solo una chica atrapada entre dos fuegos: el de un rey que la necesita, y el de un guerrero que la ama en silencio.