El arco iris
El arco iris –Va atornillado a un lado de la tina.
Brangwen se acercó para enseñárselo.
–¡Ah, sí! –gritó Anna, dando uno de esos saltitos, como seguía haciendo cuando se ponía contenta.
Y, sin pensar en nada más, volvió corriendo a casa y dejó a Brangwen solo, desenganchando el caballo. Cuando su padre entró en el lavadero, encontró a Anna, con el rodillo acoplado a la tina giratoria, dando vueltas a la manivela, como extasiada, y a Tilly a su lado, exclamando:
–¡Qué chisme tan elegante! Con eso no te deslomarás. Es lo último de lo último, sí, señor.
Y Anna giraba la manivela con placer de dominio. Después le dejó a Tilly que lo probara.
–Casi va solo –dijo Tilly, venga a dar vueltas a la manivela–. Se te secará la ropa en un periquete.