El arco iris

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Capítulo VII

La catedral

El primer año de casados, antes de que naciera Ursula, Anna y Will fueron a visitar al amigo de Lydia Brangwen, el barón Skrebensky. El barón había tenido alguna relación con la madre de Anna, y siempre había mostrado por la niña un interés oficioso, ya que era polaca por los cuatro costados.

Cuando Skrebensky tenía alrededor de cuarenta años, su mujer falleció, dejando al barón sumido en un delirio de desconsuelo. Lydia fue a visitarlo, y llevó con ella a su hija. Anna tenía entonces catorce años. No había vuelto a verlo desde entonces. Recordaba al barón como un clérigo menudo y enjuto, que hablaba mucho, gritaba y la aterrorizaba, y a su madre como un ser extraño que consolaba al viudo en una lengua incomprensible.

El barón nunca llegó a dar a Anna su beneplácito sin reservas, porque no hablaba polaco. De todos modos, se consideraba en parte su tutor, por su pasada amistad con Lensky, y le regaló a Anna un joyero ruso, antiguo, muy aparatoso, la última reliquia de valor de su difunta mujer. A raíz de esta visita, Skrebensky desapareció de la vida de los Brangwen, a pesar de que vivía a escasos cincuenta kilómetros.


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