El arco iris
El arco iris Cómo Tom Brangwen se casó con una mujer polaca
Varias generaciones de los Brangwen habían vivido en la granja Marsh, en los prados por los que el Erewash de aguas mansas corría sinuoso entre los alisos, separando Derbyshire de Nottinghamshire. A unos tres kilómetros de la granja, la aguja de la iglesia descollaba en la colina, por la que trepaban, diligentes, las casas del pueblo. Cada vez que uno de los Brangwen levantaba la cabeza de su labor en los campos, lo que veía era el campanario de Ilkeston en el cielo vacío, y así, cuando su mirada regresaba a la tierra horizontal, era consciente de que algo se erguía por encima de él, a lo lejos.
Había en los ojos de los Brangwen una expresión singular, como si esperasen ávidamente algo desconocido. Tenían ese aire de estar preparados para lo que pudiera ocurrirles, una especie de seguridad, de expectativa: el aire de un heredero.
Eran gente saludable, rubia, de hablar lento, que se mostraba tal como era sin ninguna reserva, aunque despacio, por lo que podía apreciarse en sus ojos el paso de la risa a la ira: de una risa luminosa y azul a una ira de mirada azul y dura, pasando por todas las indecisas fases del cielo cuando el tiempo está variable.
