El arco iris
El arco iris De la noche a la mañana, Ursula cayó en la cuenta de la extraña atracción que había entre ella y su profesora, la señorita Inger. Era una mujer muy guapa, de veintiocho años y aire intrépido, el prototipo de joven moderna que, precisamente por su independencia, delata su tristeza. Era lista y experta en su trabajo, precisa, rápida y exigente.
A Ursula siempre le había gustado su aspecto claro y resolutivo, pero también elegante. Llevaba la cabeza alta, ligeramente echada hacia atrás, y ella apreciaba cierta nobleza en su manera de recogerse el pelo castaño y liso. Siempre llevaba blusas limpias, bonitas y favorecedoras, y una falda de buen corte. Todo en ella era tan ordenado, revelaba un espíritu tan claro y refinado que daba gusto asistir a sus clases.
Su voz era igual de clara, con una modulación firme y delicada. Sus ojos azules, claros, orgullosos, transmitían la sensación de que era una persona de buen temple, pulcra y de mentalidad inflexible. Al mismo tiempo, irradiaba una angustia infinita, había algo sumamente conmovedor en sus labios solitarios, orgullosamente cerrados.