El arco iris
El arco iris A los hombres les bastaba con que la tierra se levantara en un montículo y les abriera sus surcos, con que el viento soplara para secar el trigo húmedo, agitando las jóvenes espigas y haciéndolas girar; les bastaba con ayudar a la vaca a parir o con cazar las ratas que merodeaban por debajo del granero, o con partirle el cuello a un conejo de un solo golpe con el canto de la mano. Era tanto el calor y la fuerza reproductora, y el dolor y la muerte que sentían en su sangre, tanto cielo y tierra y animales y plantas, tanto cambio e intercambio el que tenían con todos estos elementos y seres, que su vida era plena y estaba sobrecargada, sus sentidos perfectamente alimentados, sus caras siempre atentas al calor de la sangre, mirando el sol, deslumbradas de tanto contemplar la fuente de generación, incapaces de darle la espalda.
