El arco iris
El arco iris La amargura del éxtasis
Una tormenta de actividad se desató en la casa. Ursula no se fue a la universidad hasta octubre. Y asÃ, con un claro sentido de la responsabilidad, como si tuviera que darse expresión a sà misma en aquella casa, se afanó en colocar, recolocar, seleccionar y organizar.
PodÃa utilizar las herramientas de su padre, tanto las de madera como las de metal, para clavar cosas y hacer pequeños arreglos. Su madre estaba encantada de encontrarse las cosas hechas. Brangwen estaba intrigado con su hija. Siempre habÃa confiado en ella. Él estaba construyendo un cobertizo en el jardÃn.
Ursula terminó con sus tareas por el momento. El salón era grande y espacioso. Lo habÃan decorado con la alfombra Wilton, de la que tan orgullosa estaba la familia, el sofá grande y las sillas tapizadas de raso, el piano, una pequeña escultura de escayola, obra de Brangwen, y poco más. Daba una sensación de amplitud y vacÃo demasiado intensa para ocuparlo. Sin embargo, les gustaba saber que estaba ahÃ, amplio y despejado.
