Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Escuche, es Carlotta. Dice que es hora de cierre —dijo, con su vieja voz musical, pero con su actual timbre bélico y sardónico.
Carlotta estaba de pie, con los brazos colgando, con el aire de una escolar arrepentida.
—El coronel se ha ido a la cama. No ha podido llegar a una reconciliación con Lucy —dijo—. Mi madre polÃtica opina que deberÃamos permitirle que tratara de dormir.
La lenta mirada de Carlotta se posó en mis ojos, interrogadora, arrepentida —o al menos eso me imaginé—, y un tanto parecida a la de la esfinge.
—¡Oh, naturalmente! —dijo lord Lathkill—. Le deseo todo el sueño del mundo.
La señora Hale no dijo palabra.
—¿También madre se ha retirado? —preguntó Luke.
—Eso creo.
—¡Ah! Entonces, ¿qué les parece si subimos a echar una mirada?
Encontramos a lady Lathkill preparándose la mezcla de cierto brebaje sobre una lámpara de alcohol; era una cosa lechosa y sumamente inofensiva. Estaba de pie frente a la alacena, batiendo sus bebidas, y apenas nos percibió. Cuando acabó, se sentó con su copa humeante.
—¿Se encuentra bien el coronel Hale, madre? —dijo Luke, mirándola de través.