Historias de lo oculto
Historias de lo oculto La estación del funicular está al lado norte de la colina. Los hombres regresan, diciendo que allí no hay ninguna. La muchedumbre empieza a emerger sobre la húmeda blancura crujiente del granizo, se dispersa, intrigada, esperando a los hombres que hacen funcionar el funicular. Al lado sur de la torre de vigilancia, dos cuerpos yacen sobre el frío granizo que empieza a derretirse. El azul oscuro de sus uniformes está ennegrecido. Los dos hombres están muertos. Pero el rayo ha arrebatado toda la ropa de las piernas de uno de los hombres, de modo que está desnudo de caderas abajo. Ahí yace, con la cabeza ladeada sobre la nieve, y dos chorritos de sangre corren de su nariz a sus grandes bigotes rubios de corte militar. Yace cerca de la piedra votiva de Mercurio. Su compañero, un hombre joven, yace de bruces, a pocas yardas de distancia.
Empieza a salir el sol. La muchedumbre contempla, aterrada, los cuerpos de los dos hombres, sin atreverse a tocarlos. Y, a fin de cuentas, ¿por qué los difuntos empleados del funicular han dado la vuelta a la colina hasta ese punto?