La serpiente emplumada
La serpiente emplumada QUEDARSE O NO QUEDARSE
Owen tenía que regresar a Estados Unidos y preguntó a Kate si quería quedarse en México.
Esto la puso ante un dilema. No era un país fácil para una mujer sola. Y Kate ya había comenzado a batir las alas en un esfuerzo para alejarse. Se sentía como un pájaro en torno a cuyo cuerpo se ha enroscado una serpiente: México era la serpiente.
Aquella curiosa influencia del país, que la iba debilitando, debilitando. Había oído a un viejo americano, que residía en la República desde hacía cuarenta años, declarar a Owen: «Nadie que no posea una gran fuerza moral debería aposentarse en México. Si lo hace, se desmoronará, moral y físicamente. Lo he visto en centenares de americanos jóvenes».
Desmoronar. Esto era lo que el país intentaba sin descanso, con una lenta insistencia de reptil: desmoronar. Impedir la elevación del espíritu. Arrebatar el exaltado sentido de la libertad.
