La serpiente emplumada
La serpiente emplumada NOCHE EN CASA
Sobre el portal de la casa de Kate había un gran árbol llamado árbol de cuentas* porque dejaba caer sus frutos, que eran pequeños, redondos y oscuros como canicas, perfectos de forma, para que los nativos los recogieran e hicieran con ellos collares de cuentas o, en particular, rosarios. Por la noche, el pequeño camino estaba muy oscuro, y la caída de las cuentas sobresaltaba al silencio.
Las noches, que al principio parecían tan amistosas, empezaron a estar llenas de terrores. El miedo había vuelto a extenderse. Se había formado una banda de ladrones en uno de los remotos pueblos del lago, un pueblo cuyos hombres tenían muy mal talante, como si estuvieran dispuestos a convertirse en bandidos de la noche a la mañana. Y esta banda, invisible durante el día, cuando sus componentes eran poseedores del lago y trabajadores del campo, salía de noche a caballo para saquear cualquier casa solitaria o mal protegida.
