La serpiente emplumada
La serpiente emplumada LA CASA DE LAS CUENTAS
Kate no tardó en encariñarse con la renqueante y desaseada Juana y con sus hijas, Concha, de catorce años, una niña robusta, gruesa y salvaje, de abundante cabellera negra y ondulada, que siempre se estaba rascando, y María, de once, una criatura tímida y delgada, de ojos grandes que casi parecían absorber la luz que la rodeaba.
Era una familia atolondrada. Juana admitía un padre diferente para Jesús, pero, a juzgar por el resto, era plausible sospechar que cada uno de ellos tenía un padre diferente. En toda la familia había una despreocupación básica y sarcástica frente a la vida. Vivían al día, con una indiferencia densa y obstinada, sin interesarles el pasado, ni el presente, ni el futuro. Ni siquiera les interesaba el dinero. Gastaban en un minuto todo lo que tenían, y no volvían a pensar en ello.
