La serpiente emplumada
La serpiente emplumada DON RAMON Y DOÑA CARLOTA
Hacía diez días que Kate estaba en Sayula cuando recibió noticias de don Ramón. Había ido de excursión por el lago y visto su casa tras el recodo del promontorio occidental. Era un edificio amarillo y rojizo, de dos plantas, con un pequeño dique de piedra para los barcos y un soto de mangos entre la casa y el lago. Entre los árboles, apartadas del lago, se veían dos hileras de chozas; las chozas de adobe negro de los peones.
En el pasado la hacienda había sido muy grande, pero se irrigaba desde las colinas, y la revolución había destrozado todos los acueductos. Sólo disponía de un pequeño suministro de agua. Luego don Ramón había tenido enemigos en el gobierno, con el resultado de que le despojaron de gran parte de su tierra para dividirla entre los peones. Ahora sólo poseía unas diez hectáreas, habiendo perdido las cuatro hectáreas que se extendían por la orilla del lago. Cultivaba unas cuantas áreas de árboles frutales alrededor de la casa, y caña de azúcar en el valle que había al pie de las colinas. En la ladera de la montaña se veían pequeños campos de maíz.
