La serpiente emplumada
La serpiente emplumada LAS PRIMERAS LLUVIAS
Ramón y Cipriano estaban en la orilla del lago. Cipriano lucía también sandalias y ropas blancas y tenía mejor aspecto que con uniforme.
—Hablé con Montes cuando visitó Guadalajara —le dijo a Ramón. Montes era el Presidente de la República.
—¿Y qué dijo?
—Es cauteloso, pero no le gustan sus colegas. Creo que se siente solo. Me parece que le gustaría conocerte mejor.
—¿Por qué?
—Tal vez para que le prestaras tu apoyo moral. Tal vez para nombrarte secretario y que así puedas ser presidente cuando termine su mandato.
—Me gusta Montes —dijo Ramón—. Es sincero y apasionado. ¿Te gusta a ti?
—¡Sí! —respondió Cipriano—. Más o menos. Es suspicaz, y tiene miedo de que alguien pretenda compartir con él el poder. Es ávido como un dictador. Quería saber si yo le respaldaría.
—¿Le contestaste en sentido afirmativo?
