La serpiente emplumada
La serpiente emplumada CIPRIANO Y KATE
Los sábados por la tarde grandes canoas negras con sus grandes velas cuadradas se aproximaban lentamente entre la delgada neblina por las aguas del lago, procedentes del oeste; de Tlapaltepec, con enormes sombreros de paja, mantas y cacharros de loza, de Ixtlahuacán y Jaramay y las Zemas con esteras, madera, carbón y naranjas, de Tuliapán y Cuxcueco y San Cristóbal con cargamentos de globulares sandías verde oscuro, y pilas de rojos tomates, mangos, verduras, naranjas; y cargamentos de ladrillos y baldosas, rojos y bastante fiables, y más carbón y más madera de las resecas montañas del lago.
Kate iba casi todos los sábados a las cinco a ver las canoas de escasa quilla deslizarse por los bajíos y empezar a descargar bajo el resplandor del crepúsculo. Le gustaba ver a los hombres corriendo por los tablones con los melones verde oscuro y colocándolos en un montículo sobre la arena gruesa: melones verde oscuro como seres de pálidos vientres. Le gustaba ver los tomates en un bajío del lago, flotando en el agua mientras las mujeres los lavaban: eran una oscilante mancha roja sobre el agua.
