La serpiente emplumada
La serpiente emplumada EL CUARTO HIMNO Y EL OBISPO
El Presidente de la República, como una escoba nueva, había barrido demasiado para el gusto de las masas, por lo que había una «rebelión». No era muy grande, pero significaba, naturalmente, bandolerismo, saqueos y pueblos amedrentados.
Ramón estaba decidido a mantenerse apartado de la política, pero ya la Iglesia, y con la Iglesia los Caballeros de Cortés y cierta facción «negra», se preparaban contra él. Los sacerdotes empezaron a denunciarle desde el púlpito (aunque no en voz muy alta) como un ambicioso Anticristo. Sin embargo, con Cipriano a su lado, y con Cipriano, el ejército del Oeste, no tenían mucho que hacer.
Pero era posible que Cipriano tuviera que marchar en defensa del Gobierno.
