La serpiente emplumada
La serpiente emplumada LA NOCHE DE HUITZILOPOCHTLI
Celebraron la ceremonia de Huitzilopochtli por la noche, en el espacioso patio de la iglesia. La guardia de Huitzilopochtli, con sarapes a rayas negras, rojas y amarillas, como las rayas de los tigres o las avispas, sostenía antorchas de ocote encendido. Se había preparado una gran fogata, a la que aún no se había prendido fuego, en el centro del patio.
En los campanarios donde antes estaban las campanas ardían hogueras y retumbaba el gran tambor de Huitzilopochtli con notas profundas y siniestras. Había sonado sin interrupción desde la puesta de sol.
El gentío se apiñó bajo los árboles, frente a la verja del patio de la iglesia. Las puertas del templo estaban cerradas.
Cuatro cañones dispararon salvas simultáneamente, apuntando hacia las cuatro direcciones, y sendos cohetes explotaron en cascadas rojas, verdes, blancas y amarillas.
