La serpiente emplumada

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CAPITULO XXIII

LA NOCHE DE HUITZILOPOCHTLI

Celebraron la ceremonia de Huitzilopochtli por la noche, en el espacioso patio de la iglesia. La guardia de Huitzilopochtli, con sarapes a rayas negras, rojas y amarillas, como las rayas de los tigres o las avispas, sostenía antorchas de ocote encendido. Se había preparado una gran fogata, a la que aún no se había prendido fuego, en el centro del patio.

En los campanarios donde antes estaban las campanas ardían hogueras y retumbaba el gran tambor de Huitzilopochtli con notas profundas y siniestras. Había sonado sin interrupción desde la puesta de sol.

El gentío se apiñó bajo los árboles, frente a la verja del patio de la iglesia. Las puertas del templo estaban cerradas.

Cuatro cañones dispararon salvas simultáneamente, apuntando hacia las cuatro direcciones, y sendos cohetes explotaron en cascadas rojas, verdes, blancas y amarillas.


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