La serpiente emplumada
La serpiente emplumada CUADRAGÉSIMO CUMPLEAÑOS
Kate se despertó una mañana con cuarenta años. No se ocultó a sí misma el hecho, pero lo mantuvo en secreto ante los demás.
En realidad, era un golpe. ¡Tener cuarenta años! Había que cruzar una línea divisoria. A este lado estaba la juventud, la espontaneidad y la «felicidad». Al otro lado algo diferente: reserva, responsabilidad, cierto rechazo de lo «divertido».
Era viuda y una mujer solitaria ahora. Como se había casado joven, sus dos hijos ya eran adultos. El chico tenía ventiún años y la chica, diecinueve. Vivían casi siempre con su padre, de quien ella se había divorciado diez años atrás a fin de casarse con James Joachim Leslie. Ahora Leslie había muerto y aquella mitad de la vida había terminado.
Subió al tejado del hotel. Era una mañana espléndida y, por una vez, bajo el cielo azul de la distancia, el Popocatepetl se erguía solitario, una densa y gigantesca presencia bajo el cielo, con una cima elevada. Y despedía un largo y oscuro rizo de humo parecido a una serpiente.
