Tu me acariciaste y otros cuentos
Tu me acariciaste y otros cuentos 1
A través del bosque se ahorraba una milla. De forma mecánica, Syson cambió de rumbo cerca de la herrería y levantó el portón. El herrero y su compañera se quedaron inmóviles, mirando al intruso. Pero Syson tenía demasiado aspecto de caballero como para no permitirle el paso. Le dejaron atravesar en silencio el pequeño campo abierto hacia el bosque.
No había ninguna diferencia entre esta mañana y las de las brillantes primaveras de hacía seis u ocho años. Las gallinas blancas y doradas aún rascaban el suelo cerca del portón, ensuciando la tierra y el campo con plumas y basuras desenterradas. Entre las dos espesuras de acebos, al borde del bosque, estaba la entrada escondida cuya cerca se debía trepar para pasar al bosque; sus barreras seguían estando rayadas por las botas del guarda. Había regresado a lo eterno.
Syson estaba extraordinariamente contento. Como un espíritu inquieto, había vuelto al país de su pasado y lo encontró aguardándole, intacto. El avellano aún extendía sus pequeñas manos alegres hacia abajo; las campánulas todavía eran aquí oscuras y escasas entre los herbales abundantes y a la sombra de los matorrales.
