Tu me acariciaste y otros cuentos
Tu me acariciaste y otros cuentos 1
Desde el amanecer ya habían marchado más de treinta kilómetros a lo largo del camino blanco y caluroso en el que ocasionales grupos de árboles brindaban un momento de sombra antes de volver a la luz deslumbradora. A ambos lados el valle, ancho y poco profundo, relumbraba de calor. Parches verdinegros de centeno, pálido maíz joven, barbechos, prados y bosquecillos de pino negro se estiraban en un diagrama bochornoso y pesado bajo un cielo refulgente. Pero al frente se extendían las montañas, inmóviles y de color azul claro. La nieve brillaba suavemente a través de la atmósfera sofocante. Hacia las montañas, siempre adelante, marchaba el regimiento entre campos de centeno y prados, entre escuálidos árboles frutales alineados en orden a cada lado del camino principal. Del centeno verdinegro y bruñido emanaba un calor ardiente. Poco a poco se acercaban a las montañas y se hacían más nítidas. Los pies de los soldados se recalentaban, el sudor les corría por el pelo, bajo los cascos, y las mochilas ya no les abrasaban en contacto con los hombros, sino que parecían despedir una sensación fría y punzante.
