Tu me acariciaste y otros cuentos
Tu me acariciaste y otros cuentos 1
—Ya me levanto, Teddilinks —dijo la señora Whiston, y saltó con ánimo de la cama.
—¿Qué demonios te pasa? —preguntó Whiston.
—Nada. ¿No puedo levantarme? —replicó ella enérgicamente.
Eran cerca de las siete de la mañana y apenas había luz en el frío dormitorio. Whiston se quedó echado y miró a su mujer. Era una cosita bonita con su cabello negro y corto, acaracolado, hecho una maraña. La observó mientras se vestía rápidamente, moviendo con prisa ligera sus pequeños miembros deliciosos, echándose la ropa encima. Sus descuidos y desaliños no le molestaban. Cuando ella cogió el dobladillo de su enagua, rasgó una cinta rota de color blanco y la arrojó sobre el tocador, su dejadez le animó el espíritu. Ante el espejo se peinó con desidia la espesa mata de pelo. Observó la rapidez y suavidad de sus hombros jóvenes, con calma, como un marido, con placer.
—Levántate —gritó dirigiéndose a él con un raudo gesto del brazo— y resplandece[2].
