Tu me acariciaste y otros cuentos
Tu me acariciaste y otros cuentos Los pendientes de perlas colgaron de sus pequeñas orejas sonrosadas. Sacudió con violencia la cabeza para ver el movimiento de las perlas. Estas golpetearon en su cuello con toques pequeños y ajustados. Entonces se quedó inmóvil para mirarse, levantando la cabeza con gran dignidad. Se sonrió tontamente a sí misma. Al encontrar su propia mirada, no pudo dejar de guiñarse un ojo y lanzar una carcajada.
Volvió a mirar la caja. Había un trozo de papel con estos versos:
Si hermosas pueden ser las perlas, más lo eres tú.
Lleva estas que te entrego y te amaré.
Sonrió e hizo una mueca. Pero el espejo la atraía nuevamente para contemplar los pendientes.
Whiston ya había encendido el fuego, de modo que fue a buscarla. Cuando le oyó dio una rápida media vuelta sintiéndose culpable. Le miró con sus intensos ojos azules.
Él no vio mucho debido a su sopor matinal. Como siempre, a ella le produjo una sensación de calor y calma. Sus ojos eran muy azules y amables; sus modales, sencillos.
—¿Qué has recibido? —preguntó.
