A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido El primer punto por realizar es el de que, aquellos que llamamos los muertos, no nos han dejado. Hemos sido educados en una creencia compleja, la cual implica que cada muerte es un milagro separado y maravilloso, que cuando el alma abandona el cuerpo se desvanece y entra, de alguna manera, en un cielo más allá de las estrellas —sin indicación relativa al medio mecánico de tránsito empleado para cruzar el aterrador espacio—. Los procesos de la Naturaleza son, sin duda, maravillosos, y, para nosotros, a menudo incomprensibles; pero jamás contrarían a la razón ni al sentido común. Cuando te quitas tu sobretodo en tu casa, no por eso vuelas a la cumbre de una montaña lejana; quedas parado exactamente dónde estabas antes, aunque puede ser que presentes una apariencia externa diferente. Precisamente, del mismo modo, cuando un hombre deja su cuerpo físico, se queda exactamente donde estaba antes. Es cierto que tú no lo ves ya, pero esto no implica que él haya ido a otra parte, sino que el cuerpo que ahora usa es invisible a tus ojos físicos.