A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Hermano: has perdido, por la muerte, a uno a quien amabas entrañablemente, uno que quizás era para ti todo en el mundo; y por consiguiente, a ti te parece aquel mundo vacío, y que la vida ya no vale la pena. Sientes que te abandonó para siempre la alegría; que para ti, en adelante, la existencia no puede ser sino tristeza sin esperanza; un angustioso anhelo para renovar el «contacto de una mano desaparecida, y el timbre de una voz que se extinguió». Estás pensando principalmente acerca de ti mismo y de tu intolerable pérdida; pero hay además otro dolor. Se agrava tu pesar por la incertidumbre respecto al estado actual del ser que amaste; sientes que se ha ido pero ignoras a dónde. Deseas fervorosamente que él esté bien, mas, cuando levantas los ojos, todo lo encuentras vacío; cuando llamas, no hay respuesta; y, por consiguiente, te sumerges en la desesperación y la duda, y formas una nube que te vela el Sol que jamás se oculta.
Tu sentimiento es completamente natural; yo, que escribo, lo comprendo perfectamente, y mi corazón está lleno de simpatía para todos los afligidos como tú. Pero deseo hacer algo más que brindarte simpatía; confío en que pueda aportarte ayuda y alivio. Tal ayuda y alivio ha llegado a miles que estuvieron en tu mismo triste caso. ¿Por qué no ha de poder llegar a ti también?
Dices: ¿cómo puede haber alivio ni esperanza para mí?