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Las últimas treinta vidas de Alcione
Las últimas treinta vidas de Alcione Vamos a entrar ahora en otra de las maravillosas civilizaciones del mundo antiguo, porque el siguiente nacimiento de nuestro héroe ocurrió en el año 19554, en la vieja raza turánica, del país que hoy es China. Fue hijo de Mira, hombre rico e influyente, que en distintas ocasiones había ejercido importantes cargos en el distrito. Era Mira duro en el mando, pero de buen corazón, amante de la justicia y muy bueno con el pequeño Alcione, aunque a veces se mostraba algo impaciente porque no le comprendía. La madre de Alcione era Selene, mujer de corazón delicado y tan dada al estudio, que a los cuidados de la casa prefería las cuestiones filosóficas. Mira la quería en extremo, y estaba sumamente orgulloso de su erudición y habilidad literaria, de cuyos sentimientos participó también Alcione, en cuanto tuvo uso de discernimiento. Tal vez la más decisiva influencia que experimentaba Alcione, era la de su hermano Sirio, dos años mayor que él y, por consiguiente, una especie de héroe infantil a sus ojos. Desde niños fueron inseparables ambos hermanos, y aunque algunas veces incurrían en faltas, eran por lo general muy buenos muchachos. Al cumplir respectivamente ocho y diez años, se complacían sobremanera en sentarse en el regazo de su madre, para escuchar las teorías que les explicaba. Por supuesto que no las entendían del todo; pero se deleitaban al ver contenta a su madre, y poco a poco se asimilaron algunos conceptos. Les encantaba especialmente un libro escrito por ella misma, y que sus infantiles mentes tomaban por revelación divina. Trataba el libro de explicar y divulgar las enseñanzas expuestas en otro antiquísimo, del tiempo de los atlantes que, según parece, fue el original de uno de los Upanishads. Sirio y Alcione se acostumbraron a mirar con mucho respeto y veneración el libro de su madre, que estaba ilustrado con gran número de estampas de color, en las cuales fijaban la vista con ardiente interés, si bien les daban interpretaciones caprichosas. A los doce años de edad salvó Alcione valerosamente de un gravísimo peligro, y acaso de la muerte, a su hermano Sirio. Iban ambos por el bosque, y Sirio se había adelantado unos pasos, como de costumbre, cuando encontraron los restos de una hoguera encendida en un hoyo. El fuego estaba en rescoldo, de manera que a la vista parecía una masa negra de carbón. Sirio saltó sobre ella, sin sospechar el fuego que ocultaba, y al dar el salto, se le enredó el pie y se le torció el tobillo, de modo que con el dolor de la torcedura y el ansia de desenredarse, no advirtió que las llamas habían brotado tras él y estaban prendiendo en las ropas. Alcione se hizo cargo de la situación, e inmediatamente se abalanzó a su hermano, para quitarle las encendidas ropas, sin reparar en quemarse dolorosamente las manos. Casi al mismo tiempo apartó a su desvalido hermano de las llamas y le restregó el cuerpo sobre la hierba para extinguir el fuego. Los niños tardaron mucho en llegar a casa, porque Sirio tuvo que vendar las abrasadas manos de Alcione y éste hubo de servir a su hermano de sostén, porque cojeaba.