Las 38 Cartas de John D. Rockefeller a su Hijo
Las 38 Cartas de John D. Rockefeller a su Hijo La repetición diaria moldea tu carácter. Lo que haces constantemente, bueno o malo, se convierte en tu identidad. Los malos hábitos se desarrollan fácil, pero son difíciles de abandonar. Los buenos requieren esfuerzo, pero una vez instalados, te sostienen en los momentos difíciles. El éxito no es un acto único, sino el resultado de hábitos correctos repetidos con disciplina. Sé consciente de cada decisión, porque cada pequeño acto es un hilo en la cuerda de tu vida.
Cada error contiene una lección disfrazada.
Querido John,
Equivocarse no te define, pero no aprender del error sí. Nadie llega lejos sin tropezar, pero los sabios convierten cada caída en impulso. El fracaso enseña más que muchos libros, si lo enfrentas con humildad y reflexión. No temas errar; teme repetir sin conciencia. Analiza, ajusta y sigue. Tus errores no son enemigos, son maestros disfrazados que preparan tu carácter para responsabilidades mayores. Caer no es lo peor, lo peor es no levantarte distinto.
La autodisciplina es libertad en su forma más pura.
Querido John,
