Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Tres veces, y debe volver a verlo hoy en casa de la señora Kesselbach, a la cual se lo ha presentado, conforme a tus órdenes. Solamente que, te diré, ese Pedro Leduc a mà no me parece gran cosa. Genoveva necesitarÃa más bien encontrar a un buen muchacho de su clase. Por ejemplo, el profesor.
—¡Tú estás loca! Casarse Genoveva con un maestro de escuela…
—¡Ah! Si tú tuvieras en cuenta ante todo la felicidad de Genoveva…
—¡Caray, Victoria! Me fastidias con todas tus charlatanerÃas. ¿Acaso tengo tiempo para andar con sentimentalismos? Yo estoy jugando una partida de ajedrez y voy empujando mis piezas sin preocuparme de lo que ellas piensen. Cuando yo haya ganado la partida ya me preocuparé de saber si el caballo del ajedrez, Pedro Leduc, y la reina, Genoveva, tienen corazón.
Ella lo interrumpió, diciendo:
—¿Has oÃdo?… Un silbido…
—Son los dos Doudeville. Vete a buscarlos y luego déjanos.
Desde el momento que entraron los dos hermanos, el prÃncipe procedió a interrogarlos con su habitual precisión:
—Ya sé lo que los periódicos han dicho sobre la desaparición de Lenormand y de Gourel. ¿Sabéis vosotros algo más?