Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Tengo miedo por los demás, por los que nos cierran el camino, por ti, Lupin. Acepta o estás perdido. Yo mismo, si es preciso, actuaré. El objetivo está demasiado cercano… ya lo toco… Hazlo, Lupin.
AparecÃa todo poderoso de energÃa y de voluntad exasperada, y tan brutal que se hubiera dicho que estaba presto a golpear al enemigo fulminantemente.
Sernine se encogió de hombros.
—¡Dios mÃo! —dijo bostezando—. ¡Qué hambre tengo! Qué tarde coméis en tu casa.
La puerta se abrió.
—¡El señor está servido! —anunció el mayordomo.
—¡Ah! He ahà una noticia agradable.
En el umbral de la puerta, Altenheim lo agarró del brazo, y sin preocuparse de la presencia del criado le dijo:
—Un buen consejo: acepta. La hora es grave… Y te juro que vale más eso…, vale más eso… Acepta…
—¡Caviar! —exclamó Sernine—. ¡Ah! Cuánta gentileza… Te has acordado que tenÃas invitado a un prÃncipe ruso.
Se sentaron uno frente al otro, y el lebrel del barón, un animal de largo pelo plateado, se colocó entre ellos.
—Le presento a usted a Sirius, mi más fiel amigo.