Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Vamos —se dijo—. Una pequeña cura de reposo aquÃ, no dejará de tener sus encantos…, Pero procedamos a hacer nuestro aseo…
¿Tengo aquà todo cuanto necesito?… No… Entonces llamemos a la camarera.
Apoyó un dedo junto a la puerta, sobre un mecanismo que encendió en el pasillo una señal en forma de disco.
Al cabo de un instante fueron descorridos los cerrojos en el exterior y retiradas las barras de hierro, y apareció un carcelero.
—Agua caliente, amigo mÃo —le dijo Lupin.
El otro le miró, a la par sorprendido y furioso.
—¡Ah! —exclamó Lupin—. Y una toalla de felpa. ¡Diablos, no hay toallas de felpa!
El hombre gruñó:
—Te estás burlando de mÃ, ¿no es eso? Pero no hay nada que hacer.
Ya se retiraba, cuando Lupin le sujetó del brazo violentamente:
—Cien francos si quieres llevarme una carta al correo.
Sacó del bolsillo un billete de cien francos que habÃa logrado sustraer al registro que le habÃan hecho y se lo tendió al carcelero.
—La carta —dijo el carcelero, tomando el billete.