Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —En efecto, y, por un escrúpulo de conciencia, visité esa casa en forma rápida y sin atribuirle al hecho la menor importancia…
—Por el contrario, usted le atribuye tanta importancia y realiza usted la misión que yo le encargué con un entusiasmo tan digno de elogios, que ya a estas horas el subjefe de Seguridad está en vÃas de realizar él mismo un registro allÃ.
El señor Formerie pareció desconcertado y balbució:
—¡Qué invención! El señor Weber y yo tenemos otros gatos a los que dar latigazos y no a ése.
En ese momento, un ujier entró y dijo unas palabras al oÃdo del señor Formerie.
—Que entre —exclamó el juez de instrucción—. Que entre.
Y luego, levantándose precipitadamente, dijo:
—¡Hola, señor Weber! ¿Qué hay de nuevo? ¿Ha encontrado usted a ese hombre?
Ni siquiera se daba el trabajo de disimular, tanta era su prisa por enterarse.
El subjefe de Seguridad respondió:
—Nada.
—¡Ah! ¿Está usted seguro?
—Afirmo que no hay nadie en esa casa, ni vivo ni muerto.
—Sin embargo…