Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Una negativa podrÃa tener graves consecuencias… La señora Formerie es hermosa…
—Sea. Busque… Usted es el amo —gruñó el señor Formerie.
El juez de instrucción se cruzó de brazos, en la actitud de un hombre que en tales circunstancias sabe resignarse ante la fuerza superior de los acontecimientos.
El señor Weber no habÃa pronunciado palabra. Se mordÃa con rabia el bigote y se presentÃa la cólera que debÃa experimentar al ceder una vez más a los caprichos de aquel enemigo que parecÃa vencido, pero resultaba siempre victorioso.
—Subamos —dijo Lupin.
Subieron.
—Abran la puerta de esta habitación.
La abrieron.
—Que me quiten las esposas.
Hubo un momento de duda. El señor Formerie y el señor Weber se consultaron con la mirada.
—Que me quiten las esposas —repitió Lupin.
—Yo respondo de todo —aseguró el subjefe.
Y haciendo señas a los ocho hombres que le acompañaban:
—Arma en mano. A la primera orden, fuego.
Los hombres sacaron sus revólveres.