Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Después de examinarle un instante, Lupin manifestó:
—TodavÃa respira.
—Sà —dijo el señor Formerie—. El corazón late débilmente, pero late. ¿Cree usted que aún es posible salvarle?
—Evidentemente, puesto que no está muerto… —declaró Lupin con gran seguridad. Y ordenó—: Leche, inmediatamente. Leche mezclada con agua de Vichy. Rápidamente. Y yo respondo de todo.
Veinte minutos más tarde, el viejo Steinweg abrió los ojos.
Lupin, que estaba arrodillado cerca de él, murmuró lentamente, pero con claridad, a fin de grabar sus palabras en el cerebro del enfermo:
—Escucha, Steinweg. No reveles a nadie el secreto de Pedro Leduc. Yo, Arsenio Lupin, te lo compro al precio que tú quieras. Déjame hacer a mÃ.
El juez de instrucción tomó a Lupin por el brazo, y en tono grave le dijo:
—¿Y la señora Formerie?
—La señora Formerie está libre. Le espera a usted con impaciencia.
—¿Cómo es eso?