Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Entonces tapona con ellas la cerradura… ¿Ya está? Bueno, ahora, cuando menos, disponemos de diez minutos magnÃficos. Ya ves, querido amigo, cómo las cosas en apariencia más difÃciles resultan simples en la realidad. Basta con un poco de sangre frÃa y saber adaptarse a las circunstancias. Vamos, no te emociones y habla. Habla en alemán, ¿quieres? No conviene que ese tipo participe de los secretos de Estado que nosotros tratamos. Anda, amigo mÃo, y habla con tranquilidad, pues estamos como en nuestra propia casa.
Steinweg prosiguió.
—La misma noche de la muerte de Bismarck, el gran duque Hermann Tercero y su fiel doméstico, mi amigo el de El Cabo, subieron a un tren que los condujo a Munich…, justamente a tiempo de tomar el rápido de Viena. De Viena marcharon a Constantinopla, luego al Cairo, después a Nápoles, seguidamente a Túnez, luego a España, después a ParÃs, y continuaron a Londres, a San Petersburgo, a Varsovia…; pero no se detuvieron en ninguna de esas ciudades. Saltaban al interior de un coche, hacÃan cargar en él sus dos maletas, galopaban a lo largo de las calles, se dirigÃan a la próxima estación o cercano embarcadero y volvÃan a tomar otro tren o un barco.
—En suma, que sabÃan que eran seguidos y trataban de despistar a sus seguidores —concluyó Arsenio Lupin.