Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Es preciso que todo eso ocurra —murmuraba—. Es preciso, y no porque yo lo quiera, sino porque es lógico. Y será asÃ… Será asÃ…
Se golpeó la cabeza con los puños y de sus labios brotaron palabras de delirio…
Crujió la cerradura. En su furia no habÃa escuchado el ruido de pasos en el corredor, y he aquà que, de pronto, un rayo de luz penetró en su celda y se abrió la puerta.
Entraron tres hombres.
Lupin no experimentó la menor sorpresa.
El asombroso milagro se producÃa y esto le pareció completamente natural, normal y en perfecto acuerdo con la verdad y la justicia.
Le inundó un torrente de orgullo. En ese momento sintió verdaderamente la sensación clara de su fuerza y de su inteligencia.
—¿Enciendo la luz eléctrica? —dijo uno de los tres hombres, en quien Lupin reconoció al director de la prisión.
—No —respondió el más corpulento de sus compañeros, hablando con acento extranjero—. Basta con esta linterna.
—Debo marcharme.
—Haga conforme a sus deseos, señor —declaró el mismo individuo.