Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 CARLOMAGNO
—Silencio —dijo vivamente el extranjero—. No pronuncie usted esa palabra.
—¿Cómo debo entonces llamar a su…?
—Con ningún nombre.
Se callaron ambos. Ese momento de respiro no era de esos que preceden a la lucha de dos adversarios prestos al combate. El extranjero iba y venÃa como un amo y señor que tiene costumbre de mandar y ser obedecido. Lupin, inmóvil, ya no mostraba su habitual actitud de provocación ni mostraba su sonrisa de ironÃa. Esperaba con rostro solemne. Pero en el fondo de su ser, ardientemente, locamente, gozaba de la situación prodigiosa en que se encontraba, allà en aquella celda de prisionero y en su carácter de detenido… Él, aventurero, estafador, ladrón… Él, Arsenio Lupin… Y frente a él, aquel semidiós del mundo germano, autócrata ambicioso que soñaba con absorber la herencia de César y de Carlomagno.
Su propio poderÃo le embriagó por un momento. A sus ojos asomaron lágrimas, al tiempo que soñaba con su triunfo.
El extranjero se detuvo.
E inmediatamente, después de la primera frase, llegaron a la medula de la cuestión.
—Mañana es el veintidós de agosto. Las cartas deben publicarse mañana, ¿no es as�
