Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Loca, sÃ; pero capaz todavÃa de recordar ciertos detalles de su infancia. Seguramente hubiera reconocido al hermano con el cual se habÃa criado… Y la posibilidad de ese recuerdo le costó la vida.
Luego agregó:
—Loca…, pero si todas esas gentes eran locas… la madre loca…, el padre un alcohólico…, Altenheim una verdadera bestia…, Isilda una pobre demente…, y en cuanto al otro, el asesino, ése es el monstruo, el maniático imbécil…
—Jefe, ¿cree usted que es un imbécil?
—SÃ, imbécil. Con destellos de genio, con malicias e intuiciones de demonio, pero un trastornado, un poco como toda esa familia de los Malreich. Sólo los locos matan, y sobre todo los locos como él. Porque, en fin…
—¿Qué, jefe?
—Mira.
* * *
Acababa de penetrar en el restaurante un hombre que colgó en una percha su sombrero —un sombrero negro de fieltro blando—, se sentó a una pequeña mesa, examinó la carta que le entregó un camarero, pidió los platos escogidos y luego esperó inmóvil, con el busto rÃgido y los brazos cruzados sobre el metal.
Lupin le observó, situado completamente de cara a él.