Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 UNA MATANZA
El señor Kesselbach se detuvo en seco en el umbral del salón, cogió del brazo a su secretario y murmuró con voz inquieta:
—Chapman, alguien ha penetrado aquà de nuevo.
—Vamos, vamos, señor —protestó el secretario—; usted mismo acaba de abrir la puerta de la antecámara y, mientras nosotros almorzábamos en el restaurante, la llave no ha salido de su bolsillo.
—Chapman, alguien ha penetrado aquà de nuevo —repitió el señor Kesselbach.
Y señaló a un saco de viaje que se encontraba sobre la chimenea.
Vea, la prueba está hecha. Ese saco estaba cerrado. Y ahora no lo está.
Chapman alegó:
—¿Está usted bien seguro de haberlo cerrado, señor? Además, ese saco no contenÃa sino objetos sin valor, cosas de tocador…
—No contiene más que eso porque yo retiré de él mi cartera antes de salir, por precaución…, sin lo cual… No, yo se lo digo, Chapman, alguien ha penetrado aquà mientras nosotros almorzábamos.
En la pared habÃa un aparato telefónico. Descolgó el auricular, y dijo:
