Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Tendrás que pasar sobre mi cadáver. La felicidad de la pequeña está aquÃ… Con todas tus ideas de dinero y de nobleza, estabas haciéndola desgraciada. Y eso no. ¿Qué y quién es ese Pedro Leduc? ¿Y ese Veldenz? ¡Genoveva, duquesa! Estás loco. Eso no es tu vida. En el fondo, ¿sabes?, no has pensado más que en ti mismo. Es tu poderÃo, tu fortuna, lo que tú querÃas. La pequeña te importa poco. ¿Acaso te has preguntado alguna vez si ella amaba a ese maldito gran duque? ¿Acaso te has preguntado alguna vez si ella amaba a alguien? No, sólo has perseguido tu objetivo, eso es todo, a riesgo de herir a Genoveva y de hacerla desgraciada para el resto de su vida. Pues bien: yo no lo quiero. Lo que ella necesita es una existencia sencilla, honrada, y eso tú no puedes dárselo. Entonces, ¿qué vienes a hacer aquÃ?
Lupin pareció desconcertado, pero, a pesar de todo, con gran tristeza, murmuró en voz baja:
—Es imposible que yo no vuelva a verla. Es imposible que yo no vuelva a hablarle…
—Ella cree que has muerto.
—Eso es lo que yo no quiero que ella crea. Quiero que sepa la verdad. ConstituirÃa una tortura para mà el pensar que ella me recuerda cómo alguien que ya no existe. Tráela, Victoria.
Hablaba con voz tan suave, tan desolada, que Victoria se enterneció, y le preguntó: