Arsenio Lupin - 813

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Se dirigió a la ventana. Estaba cerrada. Por lo demás, y de todos modos, ¿cómo hubiera podido nadie penetrar por allí? El balcón privado que rodeaba el departamento quedaba cortado a la derecha, y a la izquierda estaba separado por una pared divisoria de piedra de los balcones que daban a la calle Judée.

Pasó a su dormitorio. Éste no tenía ninguna comunicación con las habitaciones vecinas. Luego se dirigió a la habitación de su secretario. La puerta de ésta, que daba acceso a las cinco habitaciones reservadas para la señora Kesselbach, estaba cerrada y con el cerrojo echado.

—No comprendo nada, Chapman; ya van cinco veces que comprueba aquí cosas…, cosas extrañas, confesará usted. Ayer fue mi bastón lo que cambiaron de lugar… Anteayer, estoy seguro que alguien anduvo en mis papeles… Pero, no obstante, ¿cómo es posible todo eso?

—Es imposible, señor —manifestó Chapman, cuyo plácido rostro de hombre honrado no mostraba señal alguna de inquietud—. Usted supone y eso es todo…, usted no tiene ninguna prueba…, nada más que impresiones… Y, además, ¿qué?… En este departamento no se puede penetrar más que por la antecámara… Pero usted mandó hacer una llave especial el día de su llegada y sólo el criado de usted, Eduardo, tiene el doble de esa llave. ¿Tiene usted confianza en él?


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