Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron LA CAJA FUERTE DE LA SEÑORA IMBERT
A las tres de la madrugada habÃa todavÃa una media docena de coches ante uno de los pequeños hoteles de pintor que componen el único lado del bulevar Berthier. La puerta de ese hotel se abrió. Un grupo de invitados, compuesto de damas y caballeros, salió. Cuatro coches se marcharon, unos por la derecha y otros por la izquierda, y en la avenida no quedaron más que dos señores que se separaron en la esquina de la calle de Courcelles donde vivÃa uno de ellos. El otro resolvió regresar a pie hasta la puerta Maillot.
Atravesó, pues, la avenida de Villiers y prosiguió su camino por la acera opuesta a las fortificaciones. En aquella bella noche de invierno, pura y frÃa, experimentaba un placer en caminar. Se respiraba bien. El ruido de sus pasos resonaba alegremente.
Pero, al cabo de algunos minutos, sintió la impresión desagradable de que era seguido. De hecho, habiéndose vuelto, percibió la sombra de un hombre que se deslizaba entre los árboles. No era miedoso en absoluto; sin embargo, apresuró el paso a fin de llegar lo más rápido posible al fielato de Termes. Pero el hombre que le seguÃa echó a correr. Bastante inquieto, el caballero juzgó más prudente hacerle frente y sacar su revólver.
