Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron LA PERLA NEGRA
Una violenta llamada en el timbre de la puerta de la calle despertó a la portera de la casa número 9 de la avenida Hoche. Ella tiró del cordón para abrir, al propio tiempo que gruñÃa:
—Yo creÃa que todo el mundo habÃa llegado ya. Son lo menos las tres de la madrugada.
Su marido murmuró:
—Quizá sea para llamar al médico.
En efecto, una voz preguntó:
—El doctor Harel…, ¿en qué piso?
—Tercero izquierda. Pero el doctor no atiende de noche.
—Será preciso que atienda.
El caballero penetró en el vestÃbulo, subió un piso, dos pisos y, sin siquiera detenerse en el descansillo correspondiente al doctor Harel, continuó hasta el quinto. Allà probó dos llaves. Una de ellas hizo funcionar la cerradura y la otra el cerrojo de seguridad.
—Maravilloso —murmuró—; la tarea queda asà considerablemente simplificada. Pero, antes de proceder, es preciso que me asegure la retirada. Veamos…, lógicamente, ¿tuve yo tiempo de llamar en casa del médico y de ser despachado por él? No, todavÃa…, un poco de paciencia.
