Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron HERLOCK SHOLMES LLEGA DEMASIADO TARDE
—Es extraño lo que usted se parece a Arsenio Lupin, Velmont.
—¡Ah! ¿Usted le conoce?
—¡Oh! Como todo el mundo, por sus fotografÃas, las cuales ninguna se parece a las demás, pero cada una de ellas deja la impresión de una fisonomÃa idéntica…, que es verdaderamente la de usted.
Horacio Velmont pareció más bien humillado.
—¡Verdad que es asÃ, mi querido Devanne! Y no es usted el primero que me hace esta observación, créalo.
—Tanto es asà —insistió Devanne—, que si usted no me hubiera sido recomendado por mi primo Estrevan, y si no fuera usted el conocido pintor cuyas marinas yo tanto admiro, me pregunto si no habrÃa avisado yo a la PolicÃa de vuestra presencia en Dieppe.
La ocurrencia fue acogida con una risa general. Estaban allÃ, en el gran salón comedor del castillo de Thibermesnil, además de Velmont, el padre Gélis, párroco de la aldea, y una docena de oficiales del Ejército cuyos regimientos hacÃan maniobras en las vecindades, y los cuales habÃan respondido con su presencia a la invitación del banquero Jorge Devanne y de su madre. Uno de ellos exclamó:
