Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron LA DETENCIÓN DE ARSENIO LUPIN
¡QuĂ© extraño viaje! ¡Y sin embargo, habĂa comenzado tan bien! Por mi parte, jamás realicĂ© un viaje que se anunciara bajo unos auspicios más venturosos. El Provence es un transatlántico rápido, cĂłmodo y está bajo el mando del más amable de los hombres. A bordo se encontraba reunida la sociedad más selecta. Se establecĂan relaciones, se organizaban diversiones y pasatiempos. SentĂamos esa extraña impresiĂłn de hallarnos separados del mundo, reducidos a nosotros mismos como si nos encontráramos en una isla desconocida, y obligados, en consecuencia, a acercarnos los unos a los otros.
Y, en efecto, nos acercamos…
ÂżHan meditado ustedes alguna vez en lo que hay de original y de imprevisto en ese agrupamiento de seres que, todavĂa la vĂspera, ni siquiera se conocĂan, y que, durante algunos dĂas, entre el cielo infinito y el mar inmenso, van a vivir la existencia más Ăntima, y que juntos van a desafiar las cĂłleras del ocĂ©ano, el aterrador asalto de las olas y la angustiosa calma del agua dormida?
En el fondo —vivida en una especie de trágico resumen— es la propia vida, con sus tempestades y sus grandezas, su monotonĂa y su diversidad, y he ahĂ por quĂ©, acaso, se devora con una prisa febril y una voluptuosidad aĂşn más intensa ese corto viaje del cual se divisa ya el fin en el propio momento en que se inicia.