Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron LA FUGA DE ARSENIO LUPIN
En el momento en que Arsenio Lupin, acabada su comida, sacaba de su bolsillo un magnÃfico cigarro puro ornado con un anillo dorado y lo examinaba con complacencia, se abrió la puerta de la celda. No tuvo tiempo más que para echar el puro en un cajón y alejarse de la mesa. El guardia entró; era la hora del paseo de los presos.
—Ya te esperaba, mi querido amigo —exclamó Lupin, siempre de buen humor.
Salieron. Apenas habÃan desaparecido por el ángulo del pasillo, cuando dos hombres a su vez penetraron en la celda y comenzaron un examen minucioso de aquélla. Uno era el inspector Dieuzy y el otro el inspector Folenfant.
PretendÃan poner punto final a todo. No cabÃa duda alguna que Arsenio Lupin conservaba sus relaciones con el exterior y mantenÃa comunicaciones con sus cómplices. TodavÃa la vÃspera el Grand Journal publicaba estas lÃneas, dirigidas a su redactor de tribunales:
Señor:
En un artÃculo aparecido en estos dÃas, usted se ha expresado en relación conmigo en términos que nada podrÃa justificar. Unos dÃas antes de la iniciación de mi proceso, yo iré a exigirle cuentas por ello.
Con mis saludos más distinguidos,
ARSENIO LUPIN.
