Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —Porque, a pesar de todas las investigaciones, ha sido imposible el reconstruir la identidad de usted. Usted presenta el caso bastante original en nuestra sociedad moderna de no tener ningún pasado. Nosotros no sabemos quién es usted, de dónde viene, dónde transcurrió su infancia, y en resumen nada. Usted surgió de un golpe, hace tres años, procedente no se sabe exactamente de qué medio, para revelarse súbitamente como Arsenio Lupin, es decir, un extraño compuesto de inteligencia y de perversión, de inmoralidad y de generosidad. Los datos que poseemos sobre usted antes de esa época son más bien suposiciones. Es probable que el llamado Rostat, que trabajaba hace ocho años al lado del prestidigitador Dickson, no fuese otro que Arsenio Lupin. Es probable que el estudiante ruso que frecuentaba hace seis años el laboratorio del doctor Altier, en el hospital Saint-Louis, y que a menudo sorprendió al maestro por el ingenio de sus hipótesis sobre la bacteriología y la audacia de sus experiencias en las enfermedades de la piel, no fuese otro que Arsenio Lupin. Y Arsenio Lupin era igualmente el profesor de lucha japonesa que se estableció en París mucho antes de que aquí se hablase de jiu-jitsu. Arsenio Lupin, creemos nosotros, era el corredor ciclista que ganó el Gran Premio de la Exposición, cobró los diez mil francos y no volvió a aparecer más. Arsenio Lupin puede ser también aquel que salvó a tantas personas sacándolas por el pequeño tragaluz en el incendio del Bazar de la Caridad… y luego las desvalijó.