Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Esperemos aún diez minutos y partiré definitivamente… Ustedes partirán también. De aquà a entonces, avÃsenme del menor movimiento sospechoso en la calle.
—Tengo continuamente puesto el dedo en el timbre de alarma, jefe.
—Dubreuil, ¿advirtió a los de la mudanza que no tocaran los hilos de este timbre?
—Claro que sÃ. Funciona a las mil maravillas.
—Entonces estoy tranquilo.
Los dos señores descendieron hasta el apartamento de Félix Davey. Y éste, después de haber ajustado de nuevo la moldura de mármol, exclamó, alegre:
—Dubreuil, me gustarÃa ver la cara de los que descubrieran todos estos admirables trucos: timbres de alarma, red de hilos eléctricos y de tubos acústicos, pasadizos secretos, tablas del suelo que giran, escaleras ocultas… ¡Una verdadera maquinación fantástica!
—¡Qué propaganda para Arsenio Lupin!
—Una propaganda que no tendrá lugar. Es una lástima abandonar semejante instalación. Volver a empezarlo todo otra vez, Dubreuil…, y, evidentemente, de otra manera, porque no conviene repetirse nunca. ¡Maldito sea Sholmes!
—Continúa sin regresar ese Sholmes.