Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Se volvió. Charles parecÃa clavado en el umbral, hipnotizado: ¡todos los muebles ocupaban ahora el lugar acostumbrado! El velador se hallaba entre las dos ventanas; las sillas… derechas, y el reloj en medio de la chimenea. Los restos del candelabro habÃan desaparecido.
Tartamudeando de estupor, dijo:
—El cadáver… El señor barón…
—Es verdad —exclamó el comisario—; ¿en dónde se encuentra la vÃctima?
Avanzó hacia el lecho. Bajo una gran manta, que él separó, reposaba el general barón de Hautrec, antiguo embajador de Francia en BerlÃn. Llevaba puesta su guerrera militar, adornada con la cruz de honor.
El rostro permanecÃa tranquilo, los ojos, cerrados.
El criado balbució:
—Alguien ha estado aquÃ.
—¿Y por dónde ha entrado?
—No lo sé; pero alguien ha estado aquà durante mi ausencia… Escuche: habÃa allÃ, en el suelo, un puñal de acero muy delgado… Y sobre la mesa, un pañuelo con sangre… Ahora no hay nada… Se lo han llevado… y lo han arreglado…
—Pero ¿quién?
—¡El asesino!
—Hemos encontrado todas las puertas cerradas.