Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Una hora después llevaban el mueble a la casita que ocupaba el profesor en la carretera de Viroflay. Llamó a su hija.
—Esto es para ti, Suzanne, si todavÃa te hace falta.
Suzanne era una muchachita bonita, expansiva y feliz. Se arrojó al cuello de su padre y le besó con tanta alegrÃa como si le hubiese ofrecido un regalo digno de reyes.
Aquella misma tarde, después de haberlo colocado en su habitación con la ayuda de Hortense, la criada, limpió las gavetas y colocó cuidadosamente en ellas sus papeles, sus cajas de cartas, su correspondencia, sus colecciones de tarjetas postales y algunos recuerdos furtivos que conservaba de su primo Philippe.
Al dÃa siguiente, a las siete y media, el señor Gerbois se dirigió al Liceo. A las diez, siguiendo una costumbre cotidiana, Suzanne le esperaba a la salida, y para él era un gran placer ver en la acera de enfrente su graciosa figura y su sonrisa infantil.
Y regresaron juntos.
—¿Y tu secrétaire?
—¡Una verdadera maravilla! Hortense y yo hemos limpiado todos los adornos de cobre. Se dirÃa que son de oro.
—¿Estás contenta, entonces?
