Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »A partir de este punto, que ella lo quiera o no, la señorita de Saint-Véran es su cómplice. No solamente ella ya no puede entregarlo, sino que es preciso que continúe su obra, sin lo cual el herido perecerá en el asilo donde ella ha contribuido a esconderlo. Y ella continúa… Por otra parte, si su instinto de mujer hace que para ello la tarea sea obligada, él a su vez se la hace igualmente fácil. Ella tiene para con él todas las finuras, lo prevé todo. Es ella quien da al juez de instrucción unas señas falsas sobre Arsenio Lupin (recuérdese la divergencia de opinión entre las dos primas a ese respecto). Es ella, evidentemente, quien, por ciertos indicios que yo ignoro, adivina bajo su disfraz de chofer al cómplice de Lupin. Es ella quien le da aviso. Es ella quien le señala la urgencia de una operación. Es ella, sin duda, quien sustituye una gorra por otra. Es ella quien hace escribir la famosa nota en la que ella misma aparece señalada y amenazada personalmente… ¿Cómo, después de eso último, podría alguien sospechar de ella?