Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »La verdad, o cuando menos una parte de la verdad, jamás hubiera sido conocida si el capitán de la guardia que había asistido a la entrevista, aprovechando un momento en que el rey se había vuelto a un lado, no hubiera tenido la tentación de retirar de la chimenea, antes que el fuego lo alcanzara, uno de los ejemplares. Seis meses después ese capitán fue recogido muerto en la carretera real de Gaillon a Nantes. Sus asesinos lo habían despojado de todas sus ropas, olvidando, no obstante, en el bolsillo derecho una alhaja que fue descubierta más tarde, un diamante de extraordinario valor.